Antonio Machado sólo vivió en Sevilla una parte de su niñez. Con tan sólo 8 años, se trasladó junto a su familia a Madrid. Por esta razón, no se puede hablar de la producción literaria del poeta durante esta etapa, aunque es indudable que esta ciudad, su folklore y el carácter de sus gentes -que es el de sus propios familiares- marcarán su obra y permanecerán indelebles en su memoria. Para Sevilla, transfigurada en Collioure, serán los últimos versos de Machado, esos en los que recuerda la luz y la alegría de su infancia sevillana.